Barbarita Palacios, cantautora argentina: “Somos las mujeres quienes estamos ocupadas en las realidades sociales. Cuando hablamos de guerras, de muertes, son nuestros hijos los que mueren; si hablamos de injusticias, somos nosotras las que salimos a pelear por ellas; preguntale a las cocineras de los comedores en las villas o a las Madres de Plaza de Mayo»

Barbarita Palacios es cantante, instrumentista, autora y compositora argentina. Hija menor de Egle Martin, vivió la música desde pequeña. ”Si Va” se llama su primer disco solista, ganador del «Premio Gardel» 2016.

Actualmente se encuentra adelantando canciones de su segundo álbum “Criolla”, producido nada más y nada menos por gigantes de la producción como Gustavo Santaolalla, Daniel Martín y Anibal Kerpel.

La banda de Barbarita está compuesta por Nicolás Rainone, Javier Casalla (Bajofondo) y Juan Manuel Ramírez.   Junto a ellos, Barbarita forma también parte de la banda de Gustavo Santaolalla, con quien han viajado y tocado por toda Latinoamérica.

Durante 2020, Palacios tuvo shows en el Parador Mega en Pinamar (Costa Argentina), en el Festival del Lago (Patagonia Argentina), en las ediciones virtuales del Festival Quilmes Rock y del Festival Billboard. Cerró el año en el Festival Marvin 9.5, reconocido en toda Latinoamérica. En el 2021 llego a tocar en Mendoza y en la costa Argentina.

Barbarita Palacios promete seguir vibrando por el continente con su voz, en el poder de su rock criollo.

-Vos tenés una carrera anterior junto a Semilla, donde el estilo particular que abordás es una fusión entre folklore y rock, ¿cómo se produjo esa fusión dentro tuyo, cuál es el precedente?

-Soy hija de Egle Martin, y eso ya hizo que me forme desde adentro de toda la música latinoamericana de raíz. Mi hermana Alejandra es fotógrafa y, a partir de mis 8 años, ella ya colaboraba para revistas como la Rock & Pop, Cerdos & Peces, Pelo, entre otras, cubriendo todos los shows de rock nacional, para después ser la fotógrafa de Ushuaia a La Quiaca, ese gran trabajo de León Gieco y Gustavo Santaolalla. Todo esto me marcó y formó. ¡Tuve acceso a mucha música! Después, mi adolescencia transcurrió en los ’90, con lo cual el grunge y sus guitarras me volaron la cabeza y atravesaron el alma. Para cuando empecé a hacer canciones todo esto ya convivía naturalmente adentro mío.

-¿Qué hay acerca de tu experiencia personal en la música desde que arrancaste?

-Canté y toqué siempre con mi madre en sus shows desde muy chica, mamé su búsqueda antropológica incansable en las raíces afroargentinas, así como de los grandes maestros con los que se relacionó a partir de esa búsqueda, Salgán, Piazzolla, Adolfo Abalos, Homero Manzi, Hermeto Pascoal, Gilberto Gil y tantos otros que pasaron por mi casa. Yo me dediqué a estudiar canto con la suerte de tener grandes maestras, mi búsqueda fue muy grande, padecí cantar por momentos, así que me dediqué a estudiar la voz y generar recursos para gozar de ella.

-¿Tenés otra actuvidad por fuera de de tu carrera solista?

-Dentro de ese camino que te mencioné también estudié teatro con Julio Chávez. Hoy, además de todo, trabajo como entrenadora vocal, mantengo y desarrollo voces de cantantes, actores, maestros, oradores, algo que me encanta y apasiona. Mi relación con los instrumentos es muy natural, pero siempre los estoy estudiando, en general los utilizo como herramienta para componer, me interesan las diferentes sonoridades según lo que este buscando.

-¿Quiénes son y fueron tus referentes en lo que a mixtura se trata en Latinoamérica?    

-¿Mis referentes? ¡Muchísimos! Te puedo nombrar algunos: Violeta Parra, Atahualpa, Los Carabajal, Gustavo Santaolalla, León Gieco, Café Tacuba, Los Tres, Julieta Venegas, Gal Costa, Mercedes Sosa, María Bethania, Elis Regina…

-¿Notás que existe un nuevo repertorio latinoamericano con muchas artistas mujeres preocupadas por realidades sociales?

-¡Por supuesto! Yo diría ocupadas en las realidades sociales. Cuando hablamos de guerras, de muertes, son nuestros hijos los que mueren; si hablamos de injusticias, somos nosotras las que salimos a pelear por ellas, preguntale a las cocineras de los comedores en las villas o a las Madres de Plaza de Mayo. Somos las mujeres en cualquier religión, población, región.

-¿Te sentís parte de ese conjunto femenino y feminista?

-Sí, me siento parte, pero es importante aclarar que femenino, remite al género, a cómo debemos mostrarnos y sentirnos, obviamente impuesto por el patriarcado y un sistema al cual le conviene vernos y que nos veamos en esos términos. Al feminismo no le importa si sos femenina o no, si no que se reconozcan nuestros derechos. Hoy gracias al feminismo estamos mucho más enteradas de cómo es y funciona, es obvio entonces que en relación a la música, las y les compositores les salgan canciones con esas temática.

Por estos días, Barbarita Palacios está presentando una nueva canción adelanto de su inminente nuevo trabajo discográfico. Una caja bagualera obstinada que acompaña a una guitarra eléctrica contenida y furiosa dan inicio a «El viento que va», canción que nace justamente como un viento que sopla cada vez más fuerte en las voces poderosas de Barbarita Palacios y su invitada en esta ocasión, Lula Bertoldi de Eruca Sativa. Ambas nos regalan este tema profundamente rockero, grunge y alternativo, pero con una fuerte raíz como nos tiene acostumbrados la autora, quien se luce aquí junto a su potente banda.  Una nueva canción de Barbarita, que con una poderosa mezcla de folklore y rock se inscribe dentro del particular estilo que viene desarrollando desde Semilla, su primera banda.

Lula, de Eruca Sativa, junto a Barbarita. Foto: Nora Lezano.

-¿Cómo fue que nació la idea de grabar tu canción “El viento que va” junto a Lula Bertoldi?
-Fue maravilloso, a Lula la conozco hace varios años, desde Semilla; además es de Santa Fe, población a la que conozco bastante y me siento un poco de ahí. Ya había una química especial, tiene eso de ser una artista que puede y conoce tanto al rock como al folklore, tiene identidad, y eso a mí ya me atrae, me interesa y me siento parte de ese sentir, somos muy criollas las dos, por eso supe que funcionaría en esta canción que arranca con una caja bagualera y el segundo elemento en aparecer es una guitarra eléctrica.


-¿Qué experimentás trabajando junto a Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel? ¿Cómo los conociste y qué conocimientos te están aportando?

-A Gustavo y Aníbal los conozco de toda mi vida, de todo lo que te conté antes, somos familia. Trabajar con Gustavo, además, es algo mágico y divino, es un gran maestro y sabio, pero tiene eso que tienen los brujos de las tribus, hay algo que es de él y sólo sucede cuando él está, así que agradezco poder estar cerca e intento aprender todo lo que puedo cada vez que tengo la oportunidad. A Aníbal lo vemos menos y la gran magia sucede entre ellos dos. ¡Trabajan juntos hace cuarenta años! Pero pasa un poco lo mismo, son de otro mundo, ¡cuando te mandan las mezclas, no podes creer cómo hacen para que suene así! ¡Son dos genios!

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