RAÍCES FOLCLÓRICAS CON CAUSA Y CONOCIMIENTO

Multifacética artista, la chilena Fabiola González, alias “La Chinganera”, se caracteriza por ser una payadora que reivindica las costumbres de antaño, como por ejemplo la tradición de la décima espinela y la cueca, que forman parte de su repertorio musical, además de la música latinoamericana y mapuche. En este reportaje habla de su infancia en un pueblo rural, cuenta de su rol educacional -es pedagoga e investigadora-, y revela la importancia que genera, desde hace doce años, el movimiento del que forma parte, Mujeres Encanto Rodado: “En la actualidad podemos ver cómo en diferentes ciudades y pueblos se realizan conciertos a la rueda de mujeres, bajo diferentes nombres y protagonistas pero mismo formato. Es lindo ver cómo creció y sumó”.

Por Lucía Salto

Fabiola González, «La Chinganera», es una poeta popular, payadora, compositora e investigadora chilena. Una de las iniciadoras del movimiento de cantautoras del «Nuevo Folclor Chileno».

Es oriunda de la zona rural de la región del Bío Bío, donde recibió un poderoso influjo cultural de muy niña. Su trabajo está basado en la guitarra de origen campesino y la tradición de la décima espinela y la cueca, innovando en la guitarra tradicional con nuevos sonidos y armonías, haciendo de la “guitarra traspuesta” un arte vivo y vigente.

Sobre la décima espinela, Fabiola revela: “La décima espinela que es una poesía popular de diez versos, que pertenece a la poesía popular española, llegó a América y fue tomando un estilo propio; en Argentina, por ejemplo, la décima se canta con milonga, o en Puerto Rico como trova. En Chile se canta como “canto a los poetas” y por el lado del recital, lo ocupamos del lado del brindis, expresando lo siguiente: “Brindaré por mis amigos en esta mesa chilena con esta copa tan buena y la amistad como abrigo”, esa es una décima improvisada sobre un tema. Yo canto una canción y saco una copa para brindar. A veces se puede brindar de manera divertida y otras para profundizar. El brindis es parte de la tradición oral, todos los payadores conocemos los brindis, no tienen derecho de autor, pasa a ser del ambiente. En toda la tradición chilena, siempre se reivindica el brindis”.

Por otra parte, esta genuina artista le da importancia al rol de las mujeres en la música y el rescate de la memoria popular mediante la música de raíz. “No solo desde la música se puede enviar un mensaje que repercuta en el pueblo, creo que las artes en general permiten la transformación social, el crecimiento humano, la reconstrucción de nuevas formas de comunicarnos. La música es una invitación a ese replantearnos como comunidad, un vehículo de transformación social”.

-¿Cómo nació “La Chinganera” y de qué manera repercutió en tu vida?

-En el año 2003 conocí a uno de los cantores antiguos más influyentes de la Cueca Brava, Luis Araneda «El Baucha», primera voz del grupo Los Chileneros (pioneros y principales referentes en el estilo) quién, luego de una noche de canto de Cueca, me bautizó como «La Chinganera», haciendo alusión a las antiguas cantoras de las fiestas populares llamadas «Chinganas».

De ahí para adelante me presenté así. En 2008 grabé mi primer disco «La Chinganera» y hasta la fecha es el nombre con el que me presento, aunque mi música y mi poesía no necesariamente están ligadas al estilo que representa ese nombre, que es más festivo. Mi trabajo tiene mezclas de diversos estilos del sonido tradicional, tanto del campo como de la ciudad y creo que se ha entendido con claridad desde el público.

En términos generales, la decisión de vivir del arte escénico (desde el 2010) como «La Chinganera» me ha traído solo beneficios, harto trabajo en terreno, crecimiento no solo desde lo artístico si no desde lo personal como ciudadana consciente de la historia e identidad de mi país, pero, pese a que esta «Chinganera» que canta y compone, me ha traído todo esto, mi infancia (que tuvo su pasada por la ruralidad) y la sabiduría popular, son lo que me ha formado e instalado como cantora.

-Si tuvieras que recordar imágenes de tu infancia, ¿cuáles son las que te influyeron a crear el tipo de música que forma parte de tu repertorio?

-Vida rural, sonido de pájaros, silencio de tardes bajo árboles gigantes, canto campesino, guitarras, rancheras, la vida campesina en general, el invierno, la pobreza, las carretas a bueyes, los caballos, las gallinas, mi madre lavando a mano, la riqueza de la tierra, la diferencia entre el campo y la ciudad en tan solo unos kilómetros, el lenguaje, las historias familiares de los padres y vecinos, los olores a hogar como el pan amasado, mi padre y su sabiduría campesina, la riqueza de la palabra, la oralidad.

-Además de música, sos pedagoga e investigadora. ¿Esas profesiones se vinculan con tu música? ¿Es posible que de esa manera puedas comunicar al público un mensaje?

-Claro, están vinculadas, son todas un solo oficio, el de folclorista. El mensaje tiene que ver con la identidad, me siento portadora de ese mensaje, un puente entre la tradición y el folclor que está ocurriendo, que se mueve y cambia, todo con el fin de describirnos como cultura.

-Hoy en día hay un fuerte movimiento de las mujeres para apoyarse unas a otras frente a una sociedad patriarcal. ¿Cuál es tu punto de vista al respecto?

-Me siento a gusto y creo en ese empuje común. En Chile hay un interesante movimiento de cantautoras de raíz, del cual he sido parte desde sus inicios y creo que, a una década de su existencia, ha ido madurando de forma natural el concepto de arte femenino que nos unifica y hemos posicionado nuestra voz sin desvalorizar el rol de nuestros compañeros músicos, sino, enalteciendo nuestro lugar, exigiendo estar en más y mejores escenarios, siendo representantes de cientos de mujeres que sufren las injusticias por diferencias de género. 

-¿Es posible afianzar ese movimiento y reivindicarlo desde la música?

-Por supuesto, no solo desde la música, creo que las artes en general permiten la transformación social, el crecimiento humano, la reconstrucción de nuevas formas de comunicarnos. La música es una invitación a ese replantearnos como comunidad, un vehículo de transformación social.

La Chinganera: Las raíces musicales como prioridad

-¿Qué significa el folclore chileno en tu vida?

-Es curioso lo que me ocurre. Desde niña sentí una fascinación por él, desde que veía las danzas tradicionales con sus trajes típicos a las cuatro años por un rendija de la puerta, hasta ahora, escuchar una guitarra campesina, un recitador, una historia de esas que cuentan los abuelos, sigue siendo fascinante para mí. Es algo que me sucede desde mi naturaleza, no la construyo desde mis gustos, o desde el conocimiento, viene conmigo. 

Hoy tiene un significado laboral, pero al mismo tiempo pasional. El tiempo, el estudio, los triunfos y fracasos no me han robado la pasión fascinante de seguir conociendo el cómo viven los pueblos, como son en su identidad, las costumbres que tienen, cómo hablan, cómo cantan, en qué creen. 

-¿Cómo fusionás la cueca, la paya, la música latinoamericana y mapuche con el sonido urbano?

-Todo lo estudio de forma muy matea, casi científica pero lo aplico muy intuitivamente. Leo partituras pero jamás he compuesto mis canciones desde la línea melódica en la partitura, toco guitarra en finares campesinos y se cómo se llaman los acordes y qué funciones armónicas cumplen, pero no puedo componer desde ahí, no me sale. Simplemente me pongo a jugar, pongo las manos sobre ella, invento los acordes y si me gusta lo que va saliendo voy creando la canción. Al tiempo, al incorporar arreglos u otros instrumentos anoto qué acordes hice, cómo es la armonía etc. Ahí recién comienza el proceso «consciente».

Así mismo, mezclo diferentes conceptos que dan como resultado una estética bien chilena pero al mismo tiempo latinoamericana, con aires de una zamba, con un cajón peruano por ahí, algo que suena a ranchera o una tonada chilena de esas que se cantan a orillas de un fogón. 

El sonido urbano es donde estoy inmersa actualmente, donde respiro, donde crío a mis hijos, estoy influenciada por él, intrínsecamente. 

Ahora me encuentro haciendo un disco que justamente se autodescribe bajo esa factura, se llamará «Hija natural» por lo mismo, esa mezcla de razas, timbres y sonoridades que somos los chilenos.

La Paya es otra cosa, un rito, un viaje a lo profundo de la palabra y allí estoy aun a nivel de estudiante. De allí extraigo la rigurosidad de la poesía y mi autoexigencia con la décima. La paya es un universo fascinante de nuestro folclor iberoamericano. 

-¿Creés que es necesario volver a las raíces?

-Volver no, volver es como si nos hubiéramos ido de ellas. Si así fuera yo por ejemplo, no existiría. Las raíces están vivas, dan plantas y frutos, lo que creo que hay que hacer es educar con urgencia desde las escuelas hasta los medios de comunicación, de la vigencia y de la importancia que tiene esta raíz y esta planta, y lo que sí creo que hay que recuperar es la espiritualidad de esta raíz, el rito, que se nos pierde en el mundo moderno.

-Violeta Parra influye en tu vida de manera constante. ¿Qué es lo que te inspira de ella?

-Lo que mas me inspira es la porfía, la convicción, el empuje. ¿Cómo puedo yo, simple cantautora de folclor, de mediano talento, no intentar siquiera levantar la bandera de la vigencia del folclor, educar, difundir, crear, remover y despertar conciencias sobre la identidad después que Violeta se desvivió por ello? No puedo. Aquí estoy, puño en alto. 

-A través de la composición, ¿es posible crear un “despertar” colectivo, tanto político como social?

-Sobretodo desde la composición de raíz, la que describe a nuestra sociedad con nuestras formas de vida, con nuestras injusticias y nuestras pobrezas, la canción de autor que reclama, denuncia, alivia, invita a repensar quiénes somos, cómo vivimos, cómo merecemos vivir, la que nos recuerda la historia, la memoria que carga nuestra geografía, nuestra gente. Esta canción crea despertares, debe hacerlo, sino habría que colgar la guitarra y cantar reggaeton.

-¿El folclore debería ser una asignatura en las escuelas?

-Por supuesto y urgente, pero antes debe haber más y mejor formación universitaria para profesores, no desde la ejecución de instrumentos ni almacenamiento de saberes lingüísticos, de danza etc. si no desde la Folclorología, lo mismo para periodistas, investigadores, sociólogos, antropólogos y todo aquel que en el futuro se planteará como un formador y comunicador de las artes folclóricas.

¿Cómo es posible que un maestro de lenguaje de formación primaria no diferencie una copla de una décima? ¿Un profesor de música no diferencie música tradicional de música folclórica? ¿Un periodista a cargo de un.programa de Folclor presente una canción como huayno si es una cueca? ¿Un jurado de un festival de canciones inéditas o composiciones vote a triunfadora a una canción que tiene una melodía de la tradición si el concurso es para premiar no solo la autoría sino la creación musical, la composición, tal como el titulo lo dice? Aquí pasa mucho de todo esto, y cualquier canción en 6/8 es Cueca.

Esa formación de profesionales es urgente para cubrir la necesidad urgente en la escuela.

-¿Cómo reciben tus alumnos los conocimientos que compartís en tus talleres y charlas de acercamiento a la música y poética de raíz folclórica?

-¡Fantásticamente! Nadie quiere ausentarse de esas clases, me siguen en los recreos. Los estudiantes, sobre todo los que están en formación inicial (primaria y secundaria) son un tesoro vivo, una cajita de sorpresas. 

Los adultos son un poco desconfiados, entran con desconfianza cuando ven que soy mujer (el machismo ahí se hace presente, «el hombre es el que sabe) y encima ni tan mayor como para creerme, pero a medida que la clase avanza esta desconfianza desaparece porque la clase se transforma en una experiencia común de aprendizaje. Todos aprendemos, al salir de cada clase ya somos otras personas, con nuevas inquietudes. 

En general es maravilloso, me gusta mucho esa versión de ser folclorista. Ahora en la escuela en que estoy (que voy una vez por semana) se me han asignado dos horas más para hacerles clases a profesores. Ideas geniales de una directora que entiende que esta es una necesidad que hay que cubrir en equipo y que si no estamos alineados en conocimientos, no resultará. 

-¿Cómo fue el origen de Mujeres Encanto Rodado?

-Idea inicial en un bar con la cantautora Rocio Peña, al son de la noche, el vino y la conversación. Planteamos la idea como un concierto que invitara a viajar al público por el universo femenino, el quehacer de la mujer y su inquietud por medio de la canción de diferentes estilos: Pop, Rock, Folclor, Folk, Balada, Trova, etc. 

Nació hace 12 años y marcó un antes y un después en los formatos escénicos de conciertos de mujeres. En la actualidad podemos ver cómo en diferentes ciudades y pueblos se realizan conciertos a la rueda de mujeres, bajo diferentes nombres y protagonistas pero mismo formato. Es lindo ver como creció y sumó. 

-¿Cómo ves la escena musical argentina? ¿Crees que se sigue manteniendo un vínculo con las raíces?

-Me gusta ver ese vínculo, me gusta que exista la escuela de música popular y escuela de música «docta». Conocí a una cantautora de Mendoza llamada Daniela Trovati, hicimos algunos trabajos juntas y era un regalo oírla tocar una pieza de Bach con la misma destreza y conocimiento que una chacarera. Creo que Argentina tiene harto de eso, he conocido montones de argentinos cantautores y cantautoras viajando por el mundo, tanto en Europa como México, Perú, mismo Argentina y todos tienen raíz en sus creaciones y todos tocan o cantan un buen tango o una sentida zamba, hay sentido de pertenencia ahí y se nota. 

En los tiempos difíciles en que estamos, políticamente hablando, tanto en Chile como en Argentina, el folclor, las raíces, la música tradicional, la canción con contenido, son una bandera de lucha que no podemos bajar. 

-¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

-Publicar mi libro «Yo, brindo», un trabajo en décima que había sufrido algunos accidentes por el camino pero que agarró vuelo nuevamente. En Chile está la tradición del brindis. Todo el mundo brinda, aunque no sepa cómo es su estructura poética. Es en décimas, pero la gente común y corriente brinda en cuarteta o cosas que riman. El libro son puros brindis que yo escribí. También estoy trabajando con más de cincuenta decimistas en una antología de décimas chilenas del Siglo XXI. Y lo pendiente es concretar la publicación de mi disco «Hija Natural», que ha ido a paso lento, como casi todo lo que hago. En síntesis, seguir trabajando, creando, criando y aprendiendo. ¡Hay tanto que hacer!

Fabiola “La Chinganera” González se presenta el 18 de mayo en Circe Fábrica de Arte (Avenida Córdoba 4335, CABA). Invitada: Naara Andariega. Además, La Chinganera ofrecerá un ciclo de charlas y talleres sobre Música y poética de raíz folcórica: 11/05 Taller de Cueca 17 a 20 horas en Espacio La Conserva (Castro Barros 809, Boedo), 14/5 Masterclass «Guitarra Traspuesta, a las 14 horas en Universidad Nacional de San Martín, 15/05 Taller «Finares campesinos chilenos» 17 horas en Espacio de la Memoria y Derechos Humanos (Av. del Libertador 8151) , y el 16/05 Concierto didáctico en Escuela de Música Popular de Avellaneda.

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