ROBERTO CANTOS, DE LOS COPLANACU: “SIEMPRE FUIMOS REBELDES Y NO TENEMOS NADA QUE VER CON ESAS IDEAS CONSERVADORAS Y DE ACARTONAMIENTO DENTRO DEL FOLCLORE”

El Dúo Coplanacu está formado por dos santiagueños que hace treinta y cuatro años difunden folclore argentino de manera autogestiva, a través de peñas organizadas por ellos mismos. A lo largo de su extensa trayectoria, el público universitario fue su bastión fundamental, principalmente en Córdoba, donde trascendieron sus famosas peñas coscoínas, en madrugadas profundas. La suya es una larga historia en la que los ideales son el fundamento principal, además de la buena música.

Por Sebastián Duarte

“Coplanacu es una palabra compuesta o mestiza. Que toma del castellano el término ‘copla’ como célula de nuestro cancionero y del quichua, el sufijo ‘nacu’ que da idea de reciprocidad, encuentro, comunicación. El sentido de llamarnos Coplanacu es que la copla es verdadera cuando es popular y es popular cuando nace de la gente hacia los cantores y los cantores la devuelven cantando a su pueblo”. Esta es la carta de presentación del Dúo Coplanacu (Roberto Cantos y Julio Paz), desde hace treinta y cuatro años, desde que empezaron a mover sus chacareras, zambas y gatos por el corazón del país y alrededores, en las peñas, los patios, las barriadas, o en los encuentros pueblerinos, para luego, años más tarde, llegar al espíritu juvenil de los universitarios, entre bohemia, vinos, empanadas y potentes locros: baile asegurado en las madrugadas profundas.

Fue así como forjaron su carrera de décadas, apostando a la libertad artística, siempre a pulmón y talento mediante. Primero conquistaron Córdoba, con esas inigualables peñas en torno al festival de Cosquín; luego arribaron a Buenos Aires: ya muchos los conocían, pero se hicieron más conocidos aún por ser geniales en lo suyo: el folclore.

Este dúo santiagueño grabó diez discos en total; actualmente está presentando “Los Copla”, tal como son mencionados en el ambiente. La próxima cita para verlos en vivo es el viernes 12 de julio en Niceto (Niceto Vega 5510, CABA), a las 21 horas.

-Roberto, apenas arribaron con su música a Buenos Aires, enseguida fueron bien recibidos, ¿cómo es su relación con la capital del país?

-Estamos muy contentos. Hemos dejado de ir un tiempo a Buenos Aires. Y tenemos un vínculo muy lindo con el público de allá, especialmente a través de nuestras peñas.

-Van a tocar en Niceto, que es un lugar muy vinculado al rock pero también a diversidad de músicas. En tal caso se trata de un paso más en su carrera, por lo menos desde mi lectura porteña.

-Tengo referencia del lugar, pero no lo conozco. Para mí no es contradictorio tocar en lugares de rock, principalmente porque las fronteras de géneros ya no existen y ya se es menos fundamentalista respecto al tema. En los últimos años el rock no es que se haya mezclado pero ha interactuado con el folclore y el público ya es más homogéneo que antes.

-En tiempos de crecimiento, se generó una notable relación de ustedes con un público universitario, ¿por qué creés que la juventud se sintió identificada con su propuesta?

-Se generó un vínculo muy piola cuando éramos más jóvenes, precisamente con la juventud. Aunque cuando dejamos de ser jóvenes también sucedió eso. Pasó que nuestra propuesta cumplía con lo que anhelaba la juventud, fundamentalmente con una cuestión de identidad y participación. Ellos, los jóvenes, notaron a lo nuestro como genuino, con un rescate de la herencia, más allá de los modos y del mundo discográfico. Cómo decirlo… Eso de que uno cante para el otro.

-Lo curioso de sus shows es que la gente baila sin cesar, que es contagioso eso de ponerse a danzar una chacarera o una zamba frente a ustedes.

-¿Sabés que pasa? Siempre fuimos tipos despojados del efecto del show. La gente sí o sí es fundamental para nuestra propuesta. Es otra pata de la cuestión. Todos somos todo a la hora del compartir.

-Reaparecen, luego de cuatro años, con un nuevo trabajo discográfico bajo el brazo, que encima lo resumen como “Los Copla”, tal como se los conoce. Lo del “Dúo” ya casi nadie lo menciona. Además de eligir algunos temas antiguos para grabar, sumaron letras de nuevos compositores, ¿cuál fue el motivo primordial de la obra?

-No lo hemos ideado como estrategia. En esta época nos encontramos con gente joven. Ramiro González, por ejemplo, un compositor intelectual, artístico, profundo, estimulante. Elegimos canciones que podemos transmitir sensiblemente, de eso se trata lo último que estamos presentando. Tiene que ver con el estímulo para nosotros, que hace treinta y cuatro años que estamos cantando. Ante tanto vacío de época surgen propuestas con autenticidad y calidad, nuevos músicos jóvenes que vale la pena que se sepa que existen; es por eso que nosotros nos hacemos eco de ellos. Nuestro álbum nuevo tiene dos vertientes fundamentales: los temas viejos que escuchábamos de changuitos. La idea fue traerlos otra vez y también para la gente que no los conoce. La otra vertiente tiene que ver con la composición propia: decir a través de nuestra propias cabezas.

Los Copla y el rescate de grandes canciones ajenas y propias

-Vos hablabas recién de las promesas jóvenes, de los compositores, y eso me lleva a retomar el tema de ustedes vinculados a la juventud y al rock, más allá de ser folcloristas; incluso recuerdo que en un reportaje les puse el mote de “Los Redondos del folclore”, décadas atrás. ¿Cómo recibieron ese tipo de definición desde el análisis externo acerca de ustedes?

-Nos han dicho muchos veces que tenemos eso de rockeros, pero siendo folcloristas. Y nos encanta. Siempre fuimos rebeldes y no tenemos nada que ver con esas ideas conservadoras y de acartonamiento dentro del folclore. Lo que rompimos dentro del género fue espontáneo. Me encanta que nos hayan vinculado al rock. Es que lo hemos escucho de chicos. Por suerte ya no existen los prejuicios.

-¿Cómo lograron convivir desde lo humano durante treinta y cuatro años de trayectoria?

-Los últimos años bajó bastante el trabajo. Con mi compa Julio aprendimos a llevarnos a medida que nos fuimos vinculando. Aprendimos que la distancia es tan importante como la cercanía. Los dos somos muy familieros y les damos dedicación a nuestras familias. Este proyecto es una forma de vida. Somos súper amigos, socios, colegas. No somos vanidosos ni pretenciosos.

El secreto de treinta y cuatro años juntos: súper amigos, socios y colegas

-En su momento, la chacarera se puso de moda y justo sucedió que ustedes estaban en la escena, ¿fue fundamental para ser más visibles?

-La chacarera fue un boom del negocio del folclore. También hubo muchos músicos a los que se inflaron. Fue una moda. ¿pero sabés que pasa? Lo que a veces sube, de pronto se cae estrepitosamente. Siempre sucede eso si realmente no sos de verdad. Más allá de lo del “negocio” de los empresarios, en ese entonces nos hicimos más visibles. A nosotros nos benefició. Y fue allí lo de la juventud que se acercó. A ver, cómo decirlo. La juventud que se vincula con nosotros está un poco más atenta a lo que los músicos intentan decir. Hoy por hoy la idea es reafirmar su identidad en una época en la que se intenta pulverizar en pos de vender otras cosas. Aclaro algo, las respuestas para nosotros también está en el público que nos viene a ver.

-Lo llamativo es que a partir de la autogestión consiguieron subsistir. Apostaron a la libertad artística desde lo ideológico y mal no les fue ni les va.

-Aprendimos a ser pegadores de afiches, diseñadores, sonidistas, iluminadores, agentes de prensa. De todo aprendimos e hicimos en tantos años de autogestión, porque es parte de este camino que elegimos. El nuestro es un camino muy rico. Amamos la música que hacemos, desde chicos, cuando la escuchábamos en las radios. Para nosotros la autogestión tiene que ver con lo que une.

-Recién comentaste que les bajó bastante el trabajo en los últimos años, ¿acaso por culpa de la crisis económica local?

-Este país está devastado en muchos aspectos: el socioeconómico y el cultural. Hay una mirada de desprecio por parte de los que están arriba actualmente. La palabra sensibilidad o patria tienen un sentido demodé. Pasó en los noventa y ahora otra vez. Eso hicieron y buscaron hacer en estos años. Más allá de este muy mal trago, existen nuevas esperanzas, nuevas ilusiones, una especie de presagio de que volverá el sentido solidario, el sentido de juntarse en épocas de crisis, Para eso sirven las peñas, para volver a juntarse.

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